Ignoramos tanto del agua que bebemos como el pez que en ella nada. Es decir: nada. O muy poco.

El acto cotidiano de ir al grifo de casa para beber agua es tan instintivo como inconsciente, pese a que las autoridades sanitarias repitan machaconamente que el agua doméstica es segura. Al menos lo es respecto a enfermedades transmisibles a través de la misma como el E. coli (posible causante de calambres abdominales, diarrea, colitis hemorrágica, fiebre, vómitos…) y eliminadas con tratamientos de cloro, ozono o luz ultravioleta, algo que no sucede con la presencia en el agua de contaminantes químicos, causantes de enfermedades, algunas graves.

La contaminación del agua es un grave problema que ha aumentado a la vez que lo hacia la industrialización y se globalizaba el riesgo químico. Para identificar su alcance, es importante identificar las fuentes: microorganismos patógenos (bacterias, virus, protozoos); desechos orgánicos(organismos aerobios, y anaerobios que liberan sustancias tóxicas tales como amoníaco o sulfuros);vertidos industriales y urbanos (productos químicos, plomo, pesticidas, fertilizantes, sustancias perfluoradas y no degradables); nutrientes vegetales inorgánicos (fosfatos, nitratos); compuestos orgánicos (plásticos, plaguicidas)…

Como puede verse la mayor o menor pureza del agua se convierte en un problema de salud colectiva y un reto para cada persona. Los sistemas de depuración del agua (gestionados por empresas u organismos municipales encargadas de ello) son diversos y aseguran una salubridad mínima, de lo cual suelen informar en sus páginas electrónicas, pero no garantizan la eliminación de muchas de esas sustancias claramente nocivas para la vida de las personas y más aún para niños, niñas y adolescentes, por la inmadurez anatómica de sus órganos.

El agua embotellada tampoco es una alternativa saludable. Quienes optan por esta alternativa desconocen, o minusvalorándose el riesgo, que los envases en los que se embotella el agua están elaborados con materiales plásticos sintéticos que pueden llevar Bisfenol A, y que este tiende a desprenderse, bien por migración química o por almacenaje en zonas de calor, contaminando el agua envasada.

La mismísima Organización Mundial de la Salud informa de la relación existente entre el Bisfenol A y los cánceres de mama y próstata, obesidad, deterioro del sistema inmunológico, etc.

LA BUENA NOTICIA

La buena noticia es que no tenemos que resignarnos a beber agua con una alta carga de sustancias tóxicas ya que existen en el mercado numerosas opciones que pueden ayudarnos a la eliminación de buena parte de ellas. No es nuestro cometido recomendar una u otra opción sino estimular, mediante la información, la alternativa que mejor se adapte a las necesidades e inquietudes de cada persona.

No obstante, nos ha parecido interesante una alternativa accesible que sometemos a vuestra información y que os invitamos a explorar en el siguiente enlace https://telegra.ph/Filtro-de-agua-con-una-simple-rama-09-17

La información parece sensata ya que a través de la celulosa vegetal se podrian diseñar sistemas de tratamiento de aguas, debido a que es un polisacarido que tiene la capacidad de absorber metales pesados. La única objeción que le vemos es a que el tubo que se propone es de plástico. Sería mejor si pudiera utilizarse un material inerte (cerámica, acero inoxidable, vidrio, etc.) asegurando el sellado a la rodaja de madera. Y, desde luego, se trataría de un sistema de filtrado al alcance de cualquier economía. Respecto al pino a utilizar es obvio que debe de ser de una zona no expuesta o cercana a los tratamientos de la agricultura intensiva para asegurar su inocuidad. La alta capacidad de la celulosa de impedir pasar sustancias nocivas ya fue ensayada con éxito durante la peste negra donde los médicos se cubrían con caretas y cuya nariz rellenaban con algodón para protegerse. Ello se debe a que la celulosa tiene una estructura de fibras desordenadas (no previsible por una trama y urdimbre) lo que le otorga esas propiedades de retención.

Algo que ha vuelto a ser experimentado con éxito ante el COVID 19 con mascarillas de triple capa de algodón orgánico con certificado UNE 65, como las que ofrece MIAU, en estas mismas páginas.

De hecho, pese a la batalla comercial que han librado las compañías farmacéuticas por el sustancioso bocado de las mascarillas, ha podido verse a buena parte de los líderes políticos mundiales con mascarillas de algodón. Por eso, para que no nos engañen, insistimos en que SI LA INFORMACIÓN ES PODER, LA ECOLOGÍA ES VIDA.